La inteligencia emocional es aquello de lo que todo el mundo ha oído hablar, pocos conocen, y MUY pocos tienen y prácticamente NADiE utiliza. Desde que empecé a estudiar temas de psicología por ocio de la vida, como desde que inicie a escribir mis “articulitos” sobre el tema en cuestión. He leído muchísimo sobre él. Es un tema muy complejo del que en realidad a pesar de tantos estudios, poco se sabe. (Si queréis leer algo sobre el tema, empezad con “Inteligencia emocional” de Daniel Goleman). Es fácil de leer y os enteraréis de mucho.

Y esto sí que es un libro de psicología y no esas putas mierdas de “autoayuda” que se compra la gente cuando dice “ayyy yo siempre quise estudiar psicología, o estoy tan mal que… En fin, que me lío. Sigo leyendo y aprendiendo mucho del tema, pero podría decir que a grandes rasgos (muy grandes) y haciendo un resumen muy general (igual demasiado general), el éxito de una buena inteligencia emocional es la asertividad, el equilibrio y objetividad en tus pensamientos y por tanto emociones y llevar a cabo la acción sincera de lo que se piensa, siente y cree. Respeto, sinceridad y consecuente con una misma. Es un buen comienzo.

El texto está inspirado en una historia cercana, una amiga que como muchas de vosotras/nosotras espera a que la cosa cambie por arte de magia, algo externo habrá que la salvará. Pues queridas… lamento deciros que… LOS COJONES. Espabilad, pegad un puñetazo en la mesa, un patada en los cojones a quien pensabais que era vuestro príncipe y no deja de ser más que otro bufón desteñido y sed felices, HOSTIAS. Allí empieza vuestra inteligencia emocional. ¡He dicho! FIN.